Por fin duermo siete horas y pico a pierna suelta, el air-cooler funciona estupendamente. Enseguida echamos a andar, mientras voy desayunandome los lichis que me compre anoche. Parece que hace mas calor (incluso) que ayer. Tiramos por unas callejuelas de lo que supongo que es el centro, cuestion dificil de dilucidar en la India. Dentro de una puerta que da acceso a un patio nos topamos con una mezquita blanca con dos torres coronadas por cupulas, un estanque delante y un monton de ninhos correteando alrededor. Usando como tarjeta de presentacion la sonrisa que estoy puliendo en este pais, pido permiso a un joven musulman de barba, tunica y casquete blancos y bicicleta negra que esta a la entrada. Hacemos unas cuantas fotos, los ninhos, al igual que los de otras religiones, se arremolinan para posar, aunque la mayoria no se atreve a traspasar la barrera que hay entre el estanque y la parte donde nos hemos quedado nosotros. Al cabo de un rato el joven de la entrada pega un grito a los ninhos para que se aparten y nos da a entender por gestos que ya basta. Yo le sonrio y le doy la mano, Ania le sonrie y le tiende la mano, pero el hace gesto de que no. No se si es que no puede tocar a una mujer o que.
Al salir hay un puesto con camisas (que, por cierto, aqui se llaman "kameez", pronunciado casi como "camis", con acento en la i). Llevo tiempo con ganas de tener una camisa india, me gusta su corte, asi que me compro una por cincuenta rubias (un euro con un par de centimos), el vendedor eleva las manos al cielo dando gracias.
Deambulando por una de las calles principales, Hall Bazaar, nos entra hambre. Veo un bar (o sea, una cueva abierta a la calle, con un mostrador, dos mesas dentro y un fondo muy oscuro, paredes y suelo de cemento con manchas negras), en un fogon de gas estan friendo una masa con buena pinta. Como churros, pero aplanados y finitos, y al echarlos en el aceite se inflan como una pompa. Me pido uno, pero resulta que viene acompanhado de garbanzos. No se si se puede comer en un sitio asi, de modo que les digo que solo quiero la pasta para comermela por el camino, por lo que me meten el sabji en una bolsita de plastico. Al final decido que mas vale sentarme alli dentro y comermelo, y que sea lo que Shiva quiera. La comida no esta mal... y cuesta el ridiculo precio de ocho rubias...
Al salir vemos una tienda de ropa. Las tiendas de ropa indias son dignas de verse. En el exiguo espacio de la cueva, las paredes estan cubiertas de arriba a abajo de telas de diferentes colores y disenhos, los vendedores estan arrodillados sobre una tarima en la que despliegan con gran habilidad capas y capas de telas para ensenhar a los clientes sentados en un banquito. Ania quiere comprarse un sari. Yo acabo haciendome dos camisas a medida con una tela que elijo. En total, tela y sastre, 500 rubias. Y estoy seguro de que podriamos haber regateado mas. Quedamos en recoger la ropa a la tarde.
Seguimos paseando, en busca de internet, cosa que resulta mas dificil de encontrar que el santo grial, encima siendo domingo. Dos tipos con un carrito venden cocos verdes, dicen que cuestan 15 rubias, pedimos uno cada uno, nos los abren con un cuchillon y nos dan una pajita para bebernos el agua, luego cortan un pedazo de la "tapa" para que lo usemos como cuchara, pero preferimos usar la de aluminio que lleva Ania para raspar el interior del coco, que es como una capita de moco blanco. A mi no me gusta demasiado, pero me pido otro coco para beberme el agua. A la hora de pagar, les doy 100 rubias, me devuelven 10. Les digo que de que van, que han dicho que el precio es 15. Entonces me devuelven 10 mas. Pero, vamos a ver, ?como tres cocos van a costar ochenta? Muy bueno en matematicas no sere, pero idiota tampoco. Entonces el tipo me escribe en su movil "25". Mas a mi favor: el mismo esta reconociendo que nos esta timando. Al final me devuelve otras cinco, pero estoy seguro de que antes habiamos quedado en 15 por coco. No tengo ganas de discutir.
Frente a un enorme templo hindu hay un gran tenderete montado, bajo el toldo varias personas reparten comida, predomina la gente pobre. Al vernos por alli insisten en invitarnos, casi nos obligan. Nos dan la comida ("kari", dicen) en cuenquitos hechos de hojas de alguna planta, preciosos, mas un pan redondo para usarlo de cuchara. Un vejete barbudo y simpatico vestido de blanco nos empuja al atrio del templo, donde un monton de gente come sentada a los lados, y nos hace sentarnos en sendos asientos de motos que hay aparcadas alli. Ania se come lo suyo, yo considero que ya he hecho suficientes experimentos por hoy y discretamente me lo llevo para tirarlo por ahi, sintiendolo mucho.
Pero poco mas adelante, a la entrada de otro templo, hay un ambigu con bastante buena pinta y mucha gente comiendo. Pido un pastelito que veo, resulta que tambien va acompanhado de garbanzos. Me cobran por todo 7 rubias. Increible lo barato que se puede comer en este pais.
Seguimos buscando internet, sin exito. El plan era pasar las horas de mas calor dentro de algun ciber, pero las estamos pasando a pleno sol en una mision imposible. Tiramos hacia el Golden Temple, al lado hay un parque en memoria de los miles de indios fusilados alli mismo en 1919 por oponerse pacificamente al gobierno britanico. Al igual que ayer en el templo, apenas hay extranjeros, enseguida nos convertimos en el centro de atencion y todo el mundo quiere fotos con o de nosotros. Pero al final el asedio ya se vuelve insoportable, Ania esta mareada por el calor y nos metemos en un restaurante con aire acondicionado a tomar algo. Yo, una cocacola, un litro de agua y un empalagoso lassi de vainilla.
Para volver a recoger la ropa el rikshero (de los de bici) quiere cobranos 50, cuando hemos venido antes por 15. Encontramos otro mas sensato, recogemos nuestra ropita a medida, comemos algo y volvemos al Golden Temple, donde hemos quedado con Raju. Pero no aparece. Nos sentamos junto a una columna para esperar a que anochezca, pues queremos ver el templo iluminado. Es increible, hay todavia mas gente que de dia, apenas se puede circular, y eso que el espacio es gigantesco. Se nos acopla Tejinder, un sikh que habla bien ingles, al principio no le hacemos mucho caso, pero lo que cuenta es interesante, al final acaba guiandonos por alli y ensenhandonos cosas que solos no habriamos visto, sobre todo la cocina, !impresionante! A las 10 de la noche aquello esta tan lleno que no cabe un alfiler, y eso que realmente el comedor tiene el tamanho de un polideportivo. En la cocina hay enormes fogones con ollas gigantescas, donde voluntarios remueven la comida con palos que parecen remos. Segun Tejinder, alli comen 150.000 personas cada dia, es decir, !un millon por semana! Cocina y comedor estan abiertos dia y noche. Es que el Golden Temple es como el Vaticano de la religion sikh, pero ademas en los templos sikhs son bienvenidas las personas de todas las religiones, y a todos los peregrinos y visitantes se les proporciona la oportunidad de lavarse, comer y dormir. Una experiencia interesantisima. Pero yo estoy ya destrozado desde hace horas y, tras dos horas con Tejinder, necesito retirarme a descansar. Al salir, me llama la atencion la animacion y el colorido de las calles a esas horas de la noche. El se monta en una ciclorriksha con nosotros, que a duras penas consigue abrirse paso entre el abigarrado gentio, nos deja casi en la puerta del guesthouse sin permitirnos pagar ni una rupita, y se va a coger una autorriksha para no se donde, a diez quilometros de Amritsar. Vive en Delhi, pero siempre que puede viene a pasar el fin de semana en el templo y a hacer de guia gratuitamente a los turistas, que, por lo visto, no siempre lo aceptan con confianza. A nosotros nos ha hecho un gran favor.
Estoy hecho polvo, se me cierran los ojos, va a dar medianoche, hace una hora que el tipo del guesthouse esta dando vueltas a mi alrededor y haciendo ruidos para echarme, me voy a duchar y a acostar. Manhana a las 6 de la manhana cogemos el bus para ir a Jammu, en Cachemira, la parada siguiente, en principio, sera Srinagar, a pesar de que en la embajada espanhola, sin justificar mucho el porque, nos han aconsejado que no vayamos.
domingo, 21 de junio de 2009
sábado, 20 de junio de 2009
Amritsar
[Esto es India... Ayer, cuando por fin habia conseguido encontrar internet y estaba escribiendo, se fue la luz... Se me acumulan las vivencias, asi que las entradas anteriores ire completandolas segun vaya pudiendo. Permitidme que me salte un par de capitulos y vaya a lo de hoy.]
Hoy ha sido el mejor dia que he pasado en India.
Los padres de Kevin nos despertaron a las cuatro y media y enseguida vino a buscarnos su chofer para llevarnos a la estacion de autobuses, no sin pasar antes por un gurudwara (templo sikh) a hacer la ofrenda matutina.
Del bus, poco que contar. Sobre las 10 de la manhana estabamos en Amritsar. Nada mas bajar del bus nos entro un tipo ofreciendonos alojamiento. Una doble con air-cooler por 300 rupias, menos de cinco euros. Resulto ser un rikshero (de los de bicicleta). Nos encajamos a presion en su incomodo carromato, sujetando las mochilas para que no se cayeran y llegamos al guesthouse. La habitacion no estaba mal por ese precio (yo la definiria como una suite cochambrosilla), hace un par de anhos quiza me lo hubiera planteado, pero a dia de hoy nos parecio perfecta. Nos cambiamos de ropa y, yo con mis mejores galas (una camisa blanca que me compre el otro dia), fuimos a ver el famoso Golden Temple, un importantisimo centro de peregrinacion sikh.
A pesar del acoso constante de los riksheros por el camino, decidimos ir a pie. Las calles me recordaron la India que yo conocia, un caos que no es el de Chandigarh, las tiendas abiertas a la calle, el trafico como un rio de lava multicolor, la gente sonriendonos sin mas... Las tiendas ocupan todos los bajos de los edificios, de modo que cualquier calle importante es en si un bazar. Al pasar por delante de una de ellas, salio un sikh a llamarnos y nos obligo a sentarnos con el y un par de sikhs mas a tomar algo frio. Pedimos una cocacola cada uno, que nos sento de maravilla, era justo lo que necesitabamos para reponer fuerzas. No quisieron cobrarnos. Otro de los sikhs, un barbudo dignisimo y atractivo en su madurez, vestido de blanco de los pies al turbante, nos ensenho su carnet de subinspector de policia y nos dio su numero de movil por si necesitaramos algo. Luego se hicieron un monton de fotos con nosotros. Nos conmovieron.
Seguimos andando un rato, nos compramos unos mangos que nos zampamos por el camino, y llegamos al famoso Golden Temple, que realmente es impresionante. No tanto el propio templo dorado, que esta en medio de un laguito artificial, como la construccion de marmol blanco que lo rodea, la cantidad de gente de todas las edades y, entre tantos miles, no vi ningun rostro palido aparte de nosotros. Todo el mundo venia a saludarnos, a darnos la mano, a pedirles que les hicieramos fotos, a hacernos fotos a nosotros o a hacerse fotos con nosotros, casi siempre con el movil. Si hubiera montado un fotomaton, me habria hecho mas de oro que el propio templo. Hice unos cuantos retratos que me gustan mucho, sobre todo el de una ninha con los ojos mas impresionantes que he visto en mi vida. La acabo de subir a flickr, sin procesar. Entre tanto lio nos tuvieron parados a pleno sol sin movernos del mismo sitio como una hora. Increible. De tanto posar con la sonrisa profident, se me quedo la mueca congelada, pero he decidido salir siempre sonriendo en las fotos de los indios, aunque sea un poco falso, para que se queden mas contentos. Conocemos a un chaval que se llama Raju, vive en Canada y ha vuelto para aprender a tocar la tabla, mi instrumento indio preferido. Nos autoinvitamos a que, al dia siguiente, nos haga una demostracion, y quedamos para las 7.
Salimos de alli deshidratados y nos fuimos a comer y beber algo. Enfrente del templo habia un restaurante con bastante buena pinta (para la India, quiero decir) y pedi mi plato favorito, el palak paneer (espinacas con trozos de queso blanco). Luego fuimos a coger el jeep con el que habiamos quedado para que nos llevara hasta Waga Border, la frontera con Paquistan, a 35 quilometros de Amritsar. Lo de Waga lo he visto escrito ya con una hache o con dos, distribuidas por diferentes lugares de la palabra, asi que me atengo a la version simplificada. El tipo nos dijo que al final el jeep iba lleno, pero que nos metia en un coche con mas gente y, por el privilegio de ir delante (es decir, Ania y yo apretados en el asiento del copiloto), nos cobraba 50 rupias mas. Le dijimos que ni de conha. Al final nos enteramos de que los otros tres pasajeros, todos de Delhi y Mumbai, habian pagado 120 cada uno. Nosotros, 150 entre los dos...
Waga Border, que movida... Primero, al llegar, cientos de camiones aparcados a un lado haciendo cola, gente tirada en mantas entre ellos, durmiendo. Luego, un atasco tremendo, de modo que el coche nos deja en cualquier lado y quedamos luego para vernos. Despues, una cola quilometrica, apenas hay guiris, todo son indios. Intentamos colarnos, pero no nos quieren dejar, en vez de decirnos nada se agarran unos a otros de la ropa y no nos dejan meternos. Pero de repente la cola se desorganiza, empieza a pasar gente por todos lados y nosotros tambien adelantamos puestos. Aquello se convierte en una masa de gente que los militares, gritandonos como a ganado, intentan organizar. Distribuyen a la gente para un lado y para otro, pero sin mucha conviccion. Al llegar a las tribunas, aquello se convierte en una locura. Para coger el mejor lugar la gente se empuja, se aplasta, se machaca, los hay que trepan por las barandillas y las saltan, arriesgando la vida propia y la de los que estan debajo. Nos metemos entre el gentio, porque, ya que estamos alli, no queremos quedarnos sin lugar en las tribunas. Pero aquello es peor de lo que parece. Yo lucho por salvar mi camara y que no se me caiga el bolso que llevo a la cintura, Ania lleva en la mano mi teleobjetivo, porque nos han obligado a dejar la mochila en el coche (visto lo visto, no me extranha), lo protege como puede, aunque en el fervor del forcejeo acaba perdiendo la tapa, ni siquiera pensamos en recuperarla, empujamos como podemos, la presion viene de todos lados, menos mal que jugue al rugby muchos anhos, aunque nada tiene que ver una mele de ocho personas con una de ochocientas o mas, consigo abrirnos paso protegiendo como puedo a Ania, un tipo (de los pocos mas altos que yo) le da un codazo en la cara, pero Ania no se corta un pelo y se lo devuelve, y yo inmediatamente le pego semejante sarta de gritos que se acojona. Tras varios minutos estamos en las gradas, sanos y salvos, chorreando sudor y jadeando, pero contentisimos de haberlo logrado. Somos los unicos guiris alli, los demas, no se como, estan en una tribuna especial, en la primera fila. Seran los que mejor vean el espectaculo, pero eso es lo menos importante del dia, apenas un desfile de cinco o seis militares indios altisimos y con un gorro acabado en una especie de abanico que les da aspecto de gallos, que desfilan subiendo las piernas hasta mas arriba de la cabeza y, una vez llegados a la verja fronteriza, dan patadas teatrales y hacen gestos amenazadores como si aplastaran una colilla, mientras la multitud les vitorea y corea consignas nacionalistas y al otro lado de la valla los paquistanies hacen lo mismo (supongo, porque desde donde estamos no se ve). Sin embargo, nosotros tenemos enfrente la vista de la grada de las mujeres, algo impresionante, miles de puntitos con saris de mil colores chillones. Esa imagen me interesa mucho mas que la histrionica demostracion. Por los altavoces se oyen consignas a las que miles de gargantas responden en masa, como si de un estadio de futbol se tratase: "Hin-dus-tan, Zin-ga-bad, Hin-dus-tan, Zin-ga-bad"... Nos unimos al juego. Justo detras de nosotros, en el escalon superior, estan dos sikhs jovenes, con el pelo recogido en un monho sobre la frente y gafas de sol, que se hicieron fotos con nosotros en el Golden Temple. Llega un momento en que nos aburrimos y decidimos escaquearnos, abriendonos paso entre la muchedumbre, antes de que empiecen a salir todos. Hacemos bien: enseguida se acaba la ceremonia y salen todos despues que nosotros. En el coche de vuelta, resulta que uno de nuestros companheros de enlatado es un indio de Mumbai que, escasas horas antes, a la entrada del Golden Temple, me pidio que le hiciera una foto. Yo no lo recordaba, pero el a nosotros si. Que pequenho es el mundo. O que limitado es el circuito turistico en Amritsar.
Volvemos a Amritsar excitados por las vivencias del dia, la verdad es que nos lo hemos pasado genial, ojala el resto del viaje sea asi!! Ademas, por fin he sentido que Ania y yo podemos ser estupendos companheros de viaje.
Hoy ha sido el mejor dia que he pasado en India.
Los padres de Kevin nos despertaron a las cuatro y media y enseguida vino a buscarnos su chofer para llevarnos a la estacion de autobuses, no sin pasar antes por un gurudwara (templo sikh) a hacer la ofrenda matutina.
Del bus, poco que contar. Sobre las 10 de la manhana estabamos en Amritsar. Nada mas bajar del bus nos entro un tipo ofreciendonos alojamiento. Una doble con air-cooler por 300 rupias, menos de cinco euros. Resulto ser un rikshero (de los de bicicleta). Nos encajamos a presion en su incomodo carromato, sujetando las mochilas para que no se cayeran y llegamos al guesthouse. La habitacion no estaba mal por ese precio (yo la definiria como una suite cochambrosilla), hace un par de anhos quiza me lo hubiera planteado, pero a dia de hoy nos parecio perfecta. Nos cambiamos de ropa y, yo con mis mejores galas (una camisa blanca que me compre el otro dia), fuimos a ver el famoso Golden Temple, un importantisimo centro de peregrinacion sikh.
A pesar del acoso constante de los riksheros por el camino, decidimos ir a pie. Las calles me recordaron la India que yo conocia, un caos que no es el de Chandigarh, las tiendas abiertas a la calle, el trafico como un rio de lava multicolor, la gente sonriendonos sin mas... Las tiendas ocupan todos los bajos de los edificios, de modo que cualquier calle importante es en si un bazar. Al pasar por delante de una de ellas, salio un sikh a llamarnos y nos obligo a sentarnos con el y un par de sikhs mas a tomar algo frio. Pedimos una cocacola cada uno, que nos sento de maravilla, era justo lo que necesitabamos para reponer fuerzas. No quisieron cobrarnos. Otro de los sikhs, un barbudo dignisimo y atractivo en su madurez, vestido de blanco de los pies al turbante, nos ensenho su carnet de subinspector de policia y nos dio su numero de movil por si necesitaramos algo. Luego se hicieron un monton de fotos con nosotros. Nos conmovieron.
Seguimos andando un rato, nos compramos unos mangos que nos zampamos por el camino, y llegamos al famoso Golden Temple, que realmente es impresionante. No tanto el propio templo dorado, que esta en medio de un laguito artificial, como la construccion de marmol blanco que lo rodea, la cantidad de gente de todas las edades y, entre tantos miles, no vi ningun rostro palido aparte de nosotros. Todo el mundo venia a saludarnos, a darnos la mano, a pedirles que les hicieramos fotos, a hacernos fotos a nosotros o a hacerse fotos con nosotros, casi siempre con el movil. Si hubiera montado un fotomaton, me habria hecho mas de oro que el propio templo. Hice unos cuantos retratos que me gustan mucho, sobre todo el de una ninha con los ojos mas impresionantes que he visto en mi vida. La acabo de subir a flickr, sin procesar. Entre tanto lio nos tuvieron parados a pleno sol sin movernos del mismo sitio como una hora. Increible. De tanto posar con la sonrisa profident, se me quedo la mueca congelada, pero he decidido salir siempre sonriendo en las fotos de los indios, aunque sea un poco falso, para que se queden mas contentos. Conocemos a un chaval que se llama Raju, vive en Canada y ha vuelto para aprender a tocar la tabla, mi instrumento indio preferido. Nos autoinvitamos a que, al dia siguiente, nos haga una demostracion, y quedamos para las 7.
Salimos de alli deshidratados y nos fuimos a comer y beber algo. Enfrente del templo habia un restaurante con bastante buena pinta (para la India, quiero decir) y pedi mi plato favorito, el palak paneer (espinacas con trozos de queso blanco). Luego fuimos a coger el jeep con el que habiamos quedado para que nos llevara hasta Waga Border, la frontera con Paquistan, a 35 quilometros de Amritsar. Lo de Waga lo he visto escrito ya con una hache o con dos, distribuidas por diferentes lugares de la palabra, asi que me atengo a la version simplificada. El tipo nos dijo que al final el jeep iba lleno, pero que nos metia en un coche con mas gente y, por el privilegio de ir delante (es decir, Ania y yo apretados en el asiento del copiloto), nos cobraba 50 rupias mas. Le dijimos que ni de conha. Al final nos enteramos de que los otros tres pasajeros, todos de Delhi y Mumbai, habian pagado 120 cada uno. Nosotros, 150 entre los dos...
Waga Border, que movida... Primero, al llegar, cientos de camiones aparcados a un lado haciendo cola, gente tirada en mantas entre ellos, durmiendo. Luego, un atasco tremendo, de modo que el coche nos deja en cualquier lado y quedamos luego para vernos. Despues, una cola quilometrica, apenas hay guiris, todo son indios. Intentamos colarnos, pero no nos quieren dejar, en vez de decirnos nada se agarran unos a otros de la ropa y no nos dejan meternos. Pero de repente la cola se desorganiza, empieza a pasar gente por todos lados y nosotros tambien adelantamos puestos. Aquello se convierte en una masa de gente que los militares, gritandonos como a ganado, intentan organizar. Distribuyen a la gente para un lado y para otro, pero sin mucha conviccion. Al llegar a las tribunas, aquello se convierte en una locura. Para coger el mejor lugar la gente se empuja, se aplasta, se machaca, los hay que trepan por las barandillas y las saltan, arriesgando la vida propia y la de los que estan debajo. Nos metemos entre el gentio, porque, ya que estamos alli, no queremos quedarnos sin lugar en las tribunas. Pero aquello es peor de lo que parece. Yo lucho por salvar mi camara y que no se me caiga el bolso que llevo a la cintura, Ania lleva en la mano mi teleobjetivo, porque nos han obligado a dejar la mochila en el coche (visto lo visto, no me extranha), lo protege como puede, aunque en el fervor del forcejeo acaba perdiendo la tapa, ni siquiera pensamos en recuperarla, empujamos como podemos, la presion viene de todos lados, menos mal que jugue al rugby muchos anhos, aunque nada tiene que ver una mele de ocho personas con una de ochocientas o mas, consigo abrirnos paso protegiendo como puedo a Ania, un tipo (de los pocos mas altos que yo) le da un codazo en la cara, pero Ania no se corta un pelo y se lo devuelve, y yo inmediatamente le pego semejante sarta de gritos que se acojona. Tras varios minutos estamos en las gradas, sanos y salvos, chorreando sudor y jadeando, pero contentisimos de haberlo logrado. Somos los unicos guiris alli, los demas, no se como, estan en una tribuna especial, en la primera fila. Seran los que mejor vean el espectaculo, pero eso es lo menos importante del dia, apenas un desfile de cinco o seis militares indios altisimos y con un gorro acabado en una especie de abanico que les da aspecto de gallos, que desfilan subiendo las piernas hasta mas arriba de la cabeza y, una vez llegados a la verja fronteriza, dan patadas teatrales y hacen gestos amenazadores como si aplastaran una colilla, mientras la multitud les vitorea y corea consignas nacionalistas y al otro lado de la valla los paquistanies hacen lo mismo (supongo, porque desde donde estamos no se ve). Sin embargo, nosotros tenemos enfrente la vista de la grada de las mujeres, algo impresionante, miles de puntitos con saris de mil colores chillones. Esa imagen me interesa mucho mas que la histrionica demostracion. Por los altavoces se oyen consignas a las que miles de gargantas responden en masa, como si de un estadio de futbol se tratase: "Hin-dus-tan, Zin-ga-bad, Hin-dus-tan, Zin-ga-bad"... Nos unimos al juego. Justo detras de nosotros, en el escalon superior, estan dos sikhs jovenes, con el pelo recogido en un monho sobre la frente y gafas de sol, que se hicieron fotos con nosotros en el Golden Temple. Llega un momento en que nos aburrimos y decidimos escaquearnos, abriendonos paso entre la muchedumbre, antes de que empiecen a salir todos. Hacemos bien: enseguida se acaba la ceremonia y salen todos despues que nosotros. En el coche de vuelta, resulta que uno de nuestros companheros de enlatado es un indio de Mumbai que, escasas horas antes, a la entrada del Golden Temple, me pidio que le hiciera una foto. Yo no lo recordaba, pero el a nosotros si. Que pequenho es el mundo. O que limitado es el circuito turistico en Amritsar.
Volvemos a Amritsar excitados por las vivencias del dia, la verdad es que nos lo hemos pasado genial, ojala el resto del viaje sea asi!! Ademas, por fin he sentido que Ania y yo podemos ser estupendos companheros de viaje.
viernes, 19 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
miércoles, 17 de junio de 2009
martes, 16 de junio de 2009
Esfuerzo
Tengo la impresion de que en India hasta las acciones basicas cuestan mas esfuerzo.
Respirar. El aire es denso, cargado de olores pegajosos, organicos, quimicos, le cuesta entrar por la nariz, se adhiere a los conductos respiratorios, cae pesado en los pulmones, caliente, polvoriento, dejando en las fosas nasales costras que dificultan aun mas la operacion y por todo el camino sedimentos que uno luego tiene que expulsar, cosa que, a juzgar por el ruido que hacen algunos, tampoco resulta facil. Pero mejor ahorremonos los detalles. Los olores tampoco ayudan: los agradables, que los hay, acaban resultando demasiado embriagadores como para soportarlos durante mucho tiempo; los otros pueden alcanzar un grado de desagrabilidad dificil de imaginar. Recuerdo Varanasi hace dos anhos... Cada vez que nos acercamos a un riachuelo o canal prefiero contener la respiracion hasta un rato despues de haberlo cruzado.
Dormir. A pesar del cansancio y la falta de suenho, resulta imposible. Paradojicamente el calor no permite estarse quieto, no se si porque al dar vueltas en la cama se van refrescando por turnos diferentes partes del cuerpo. Ni a la centesima prueba consigo encontrar la postura. El colchon es durisimo, sera por eso que de India vienen los faquires, la almohada incomoda, la sabana aspera. El corazon va a mil, la cabeza tambien, por mucho que intente meditar en el pais de la meditacion, el ventilador del techo tabletea como un helicoptero y temo que salga volando o se le desprenda un aspa, el aire golpetea la piel, me tapo hasta arriba con la sabana para defenderme de los embates del aire que ha de defenderme del calor de las sabanas, mientras en la otra habitacion el air-cooler, "mas sano que el aire acondicionado", zumba, pedorrea y gime segun le apetece. Unos cuantos mosquitos heroicos traspasan la doble linea de defensa (ventilador y "mosquito coil", una espiral que se prende por un lado y arde como el incienso, pero con un olor bastante peor, que creo que provoca en mi las mismas ganas de escapar que en los mosquitos). El picor se anhade a la lista. Menos mal que nadie ronca.
Respirar. El aire es denso, cargado de olores pegajosos, organicos, quimicos, le cuesta entrar por la nariz, se adhiere a los conductos respiratorios, cae pesado en los pulmones, caliente, polvoriento, dejando en las fosas nasales costras que dificultan aun mas la operacion y por todo el camino sedimentos que uno luego tiene que expulsar, cosa que, a juzgar por el ruido que hacen algunos, tampoco resulta facil. Pero mejor ahorremonos los detalles. Los olores tampoco ayudan: los agradables, que los hay, acaban resultando demasiado embriagadores como para soportarlos durante mucho tiempo; los otros pueden alcanzar un grado de desagrabilidad dificil de imaginar. Recuerdo Varanasi hace dos anhos... Cada vez que nos acercamos a un riachuelo o canal prefiero contener la respiracion hasta un rato despues de haberlo cruzado.
Dormir. A pesar del cansancio y la falta de suenho, resulta imposible. Paradojicamente el calor no permite estarse quieto, no se si porque al dar vueltas en la cama se van refrescando por turnos diferentes partes del cuerpo. Ni a la centesima prueba consigo encontrar la postura. El colchon es durisimo, sera por eso que de India vienen los faquires, la almohada incomoda, la sabana aspera. El corazon va a mil, la cabeza tambien, por mucho que intente meditar en el pais de la meditacion, el ventilador del techo tabletea como un helicoptero y temo que salga volando o se le desprenda un aspa, el aire golpetea la piel, me tapo hasta arriba con la sabana para defenderme de los embates del aire que ha de defenderme del calor de las sabanas, mientras en la otra habitacion el air-cooler, "mas sano que el aire acondicionado", zumba, pedorrea y gime segun le apetece. Unos cuantos mosquitos heroicos traspasan la doble linea de defensa (ventilador y "mosquito coil", una espiral que se prende por un lado y arde como el incienso, pero con un olor bastante peor, que creo que provoca en mi las mismas ganas de escapar que en los mosquitos). El picor se anhade a la lista. Menos mal que nadie ronca.
Un poquito de Delhi
[Durante el viaje no conseguí encontrar el momento para completar esta entrada. La escribo más de tres meses y medio después, con todo lo que eso conlleva.]
Por la noche apenas consigo pegar ojo. Nos levantamos tarde. Desayunamos, todo lo hacemos a cámara lenta, así que se nos va la mañana sin salir de casa, comemos con Devesh lo que su asistenta ha preparado, berenjenas y algo más.
Ania y yo salimos a ver Akshardham, un templo hindú gigantesco de reciente construcción (no sé por qué no lo vi cuando estuve en Delhi hace dos años). No se puede hacer fotos dentro y hay que dejarlo todo en las taquillas, así que, en este primer día en India, paso de llevar la cámara. Mi pie maltrecho agradecerá esos casi 10 quilos menos a la espalda. El templo impresiona bastante, está lleno de gente, todos indios, damos un paseo y charlamos. Aún queda algo de tiempo antes del anochecer, así que decidimos ir hasta el Templo del Loto (sobre el que ya escribí algo hace dos años, la segunda impresión no difiere mucho). Para ello hay que regatear una riksha, algo que hacemos con mucha soltura, gracias a la confianza que nos da tener una idea del precio aproximado (nos lo ha dicho Devesh) y el habernos aprendido los números en hindi. En el Templo del Loto nos sentimos como estrellas, todo el mundo viene a saludarnos y a hacernos fotos o hacerse fotos con nosotros. Vuelta a casa en riksha, el rikshero se llama Ginni y, chapurreando el inglés, nos cuenta su vida, que se separó de su primera mujer porque era mala, pero ahora está con una que es buena, trabaja un montón de horas al día para pagar el alquiler de la riksha, pero vive fuera de la ciudad. Creo que quiere darnos pena. Intenta que lo contratemos para llevarnos mañana por la mañana a la estación, nos dice un precio "muy barato", quedamos en llamarlo si nos interesa. Después de hablar con Devesh, llegamos a la conclusión de que no nos interesa, el precio normal es la mitad.
A casa de Devesh ha llegado Stephan, un chaval suizo que habla muy bien inglés y bastante bien español, hace capoeira y le gusta la fotografía. Devesh y yo salimos a comprar cervezas, tarea nada fácil. Devesh decide que Ania se quede en casa para no tener que ver el sitio al que vamos, ya que puede haber "gente chunga". Stephan se queda también. Devesh y yo vamos andando y cruzamos la frontera con otro estado, Uttar Pradesh, compramos las cervezas en una tienducha donde, efectivamente, un par de borrachos nos tratan despectivamente, y tiramos de vuelta hacia Delhi. En un puesto callejero compramos cocos verdes (para bebernos el agua) y mangos para el desayuno. Mientras tanto, una pareja mayor lee mi tatuaje del brazo derecho, que está en hindi, entablan conversación conmigo, me preguntan cómo me llamo, se echan unas risas: "¡como los mangos!". Son muy simpáticos y me explican que los mangos de mejor calidad se llaman Alphonso.
Ya en casa abrimos las cervezas y pedimos comida por teléfono a algo que bien podría llamarse "telecurry". Pedimos diferentes platos y chapati (pan plano, sin levadura). Conversamos con Stephan acerca del fenómeno del Facebook (que yo personalmente destesto), del sentido del Couch Surfing, etc. Stephan me parece un poco pedante, quizá por ser tan inteligente para su edad, pero a pesar de todo me cae bien, la charla resulta interesante y divertida. Nos acostamos bastante tarde, todos muertos de sueño, pero no consigo dormir y me paso un buen rato hablando con Ania hasta que por fin el cansancio nos vence.
Por la noche apenas consigo pegar ojo. Nos levantamos tarde. Desayunamos, todo lo hacemos a cámara lenta, así que se nos va la mañana sin salir de casa, comemos con Devesh lo que su asistenta ha preparado, berenjenas y algo más.
Ania y yo salimos a ver Akshardham, un templo hindú gigantesco de reciente construcción (no sé por qué no lo vi cuando estuve en Delhi hace dos años). No se puede hacer fotos dentro y hay que dejarlo todo en las taquillas, así que, en este primer día en India, paso de llevar la cámara. Mi pie maltrecho agradecerá esos casi 10 quilos menos a la espalda. El templo impresiona bastante, está lleno de gente, todos indios, damos un paseo y charlamos. Aún queda algo de tiempo antes del anochecer, así que decidimos ir hasta el Templo del Loto (sobre el que ya escribí algo hace dos años, la segunda impresión no difiere mucho). Para ello hay que regatear una riksha, algo que hacemos con mucha soltura, gracias a la confianza que nos da tener una idea del precio aproximado (nos lo ha dicho Devesh) y el habernos aprendido los números en hindi. En el Templo del Loto nos sentimos como estrellas, todo el mundo viene a saludarnos y a hacernos fotos o hacerse fotos con nosotros. Vuelta a casa en riksha, el rikshero se llama Ginni y, chapurreando el inglés, nos cuenta su vida, que se separó de su primera mujer porque era mala, pero ahora está con una que es buena, trabaja un montón de horas al día para pagar el alquiler de la riksha, pero vive fuera de la ciudad. Creo que quiere darnos pena. Intenta que lo contratemos para llevarnos mañana por la mañana a la estación, nos dice un precio "muy barato", quedamos en llamarlo si nos interesa. Después de hablar con Devesh, llegamos a la conclusión de que no nos interesa, el precio normal es la mitad.
A casa de Devesh ha llegado Stephan, un chaval suizo que habla muy bien inglés y bastante bien español, hace capoeira y le gusta la fotografía. Devesh y yo salimos a comprar cervezas, tarea nada fácil. Devesh decide que Ania se quede en casa para no tener que ver el sitio al que vamos, ya que puede haber "gente chunga". Stephan se queda también. Devesh y yo vamos andando y cruzamos la frontera con otro estado, Uttar Pradesh, compramos las cervezas en una tienducha donde, efectivamente, un par de borrachos nos tratan despectivamente, y tiramos de vuelta hacia Delhi. En un puesto callejero compramos cocos verdes (para bebernos el agua) y mangos para el desayuno. Mientras tanto, una pareja mayor lee mi tatuaje del brazo derecho, que está en hindi, entablan conversación conmigo, me preguntan cómo me llamo, se echan unas risas: "¡como los mangos!". Son muy simpáticos y me explican que los mangos de mejor calidad se llaman Alphonso.
Ya en casa abrimos las cervezas y pedimos comida por teléfono a algo que bien podría llamarse "telecurry". Pedimos diferentes platos y chapati (pan plano, sin levadura). Conversamos con Stephan acerca del fenómeno del Facebook (que yo personalmente destesto), del sentido del Couch Surfing, etc. Stephan me parece un poco pedante, quizá por ser tan inteligente para su edad, pero a pesar de todo me cae bien, la charla resulta interesante y divertida. Nos acostamos bastante tarde, todos muertos de sueño, pero no consigo dormir y me paso un buen rato hablando con Ania hasta que por fin el cansancio nos vence.
lunes, 15 de junio de 2009
Regreso a la India: la llegada
Por hache o por be, todo viaje importante empieza tras una noche sin dormir. A las cuatro de la matina salgo para el aeropuerto, todavia cojeando, y cargado con dos mochilas, la de la camara y la del resto de cosas. Facturo para todo el trayecto: Varsovia-Amsterdam-Delhi. Enseguida me doy cuenta de que en la mochila facturada va absolutamente todo: ropa, gafas, cepillo de dientes... Como se pierda, al igual que en mi ultimo viaje, tendre un problema.
En el segundo avion, enorme, de esos de filas de nueve asientos separados por dos pasillos, predominan los indios. Me toca sentado junto a dos indios que llevan anhos viviendo en Glasgow. Me dan conversacion y no me dejan dormir, pero tampoco aburrirme. Me hablan de su vida, de su familia, de sus aventuras, de por que se cortaron el pelo y la barba y, a pesar de ser sikhs, no llevan turbante, solo la pulsera que los identifica, pero es que en Escocia, tienen una casa en Fuengirola, elogian las prostitutas rumanas de la zona y la sonrisa de la azafata de KLM, toman cerveza, vino, gin tonic y me invitan a su casa en Punjab. Hablan bien ingles, pero me cuesta entenderlos por esa mezcla explosiva de acento indio con escoces. A la hora de la comida ellos piden la opcion "chicken" y yo, la "Indian". Buena comida, primer sabor a India.
Aterrizaje en Delhi. Al salir del avion no noto la bofetada de calor y humedad que esperaba, aunque a las once de la noche hay treinta y cinco grados. En el aire flota un humo que parece niebla y apenas deja ver a lo lejos. Control de gripe A (basta con decir que no tienes fiebre), control de pasaportes (el mio lo doblan tanto que la portada queda pendiente de un hilillo, temo tener problemas a la salida, aunque ya lo he pegado, o precisamente por eso) y la parte que mas temo: la espera de los equipajes. En la primera tanda, mi mochila no esta. Nervios. En la segunda tampoco, !ah, si!, al final aparece. Cambio dinero, me compro una tarjeta india de telefono y reservo un "pre-paid taxi". A la salida, como recordaba, una noche negra, un calor pegajoso, un ruido constante de motores nerviosos y claxones espasmodicos, un caos de ojos fijos en ti y de manos que hacen gestos en tu direccion, en la oscuridad lo que mas se distingue es el blanco de los ojos y las dentaduras y el colorido de las rikshas. Se me acerca un tipo y me arranca de la mano el recibo del taxi, intenta descifrarlo, "sir, where do you want to go", tiene los dientes tenhidos de rojo, bajo la capa gris que cubre la camisa se adivina el color original cafe con leche, mientras tanto, desde detras de la barrera otro tipo me hace senhas, "where do you want to go?", esta mejor vestido que el otro, mucho mas limpio, su sonrisa resplandece, me parece reconocer en el al chico de Couch Surfing en cuya casa vamos a quedarnos, pero no es posible, hemos quedado en su casa y, ademas, no veo a Ania por ninguna parte, "Devesh?", pregunto, el niega con la cabeza, pero enseguida vuelve a sonreir, me da la mano, le quita al otro el recibo y me dice "come" (no, no de comer, sino en ingles). Entre el gentio aparece Ania sonriente. Me han gastado una broma. Nos metemos en el taxi, todos contentos, el tal Devesh parece majo, vamos conversando y se me olvida que es el cumple de Ania. Tardamos hora y pico en llegar a casa de Devesh.
Por el camino nada me sorprende tanto como la primera vez: el trafico a esas horas, los camiones decorados como tartas de boda multicolores, los bocinazos constantes, incitados por las inscripciones de "blow horn" o "please honk" en la parte trasera de cada vehiculo, la conduccion aparentemente kamikaze... Todo eso lo recuerdo perfectamente, ya apenas me llama la atencion, me parece normal e incluso me gusta.
Al llegar a casa de Devesh resulta que no hay luz en todo el vecindario, excepto en el hospital de enfrente, que tiene generador propio. Nos sentamos en el balcon a la luz de las velas, bebemos agua y charlamos. La luz acaba volviendo. Entramos en casa huyendo de los voraces mosquitos, pero ellos nos siguen. Los muebles, la nevera, el suelo, todo esta viejo y parece sucio, a pesar de que viene la limpiadora todos los dias. Me voy a duchar. Me sorprende no ver grifo de agua caliente, pero al notar el agua que sale de la ducha y se esparce por todo el banho entiendo que no hacen falta mas grifos cuando la temperatura es perfecta: fria, pero no helada, lo justo para refrescarse en ese calor.
Sobre las cuatro de la manhana nos vamos a dormir. Pero, a pesar de llevar tantas horas sin dormir, no consigo conciliar el suenho.
En el segundo avion, enorme, de esos de filas de nueve asientos separados por dos pasillos, predominan los indios. Me toca sentado junto a dos indios que llevan anhos viviendo en Glasgow. Me dan conversacion y no me dejan dormir, pero tampoco aburrirme. Me hablan de su vida, de su familia, de sus aventuras, de por que se cortaron el pelo y la barba y, a pesar de ser sikhs, no llevan turbante, solo la pulsera que los identifica, pero es que en Escocia, tienen una casa en Fuengirola, elogian las prostitutas rumanas de la zona y la sonrisa de la azafata de KLM, toman cerveza, vino, gin tonic y me invitan a su casa en Punjab. Hablan bien ingles, pero me cuesta entenderlos por esa mezcla explosiva de acento indio con escoces. A la hora de la comida ellos piden la opcion "chicken" y yo, la "Indian". Buena comida, primer sabor a India.
Aterrizaje en Delhi. Al salir del avion no noto la bofetada de calor y humedad que esperaba, aunque a las once de la noche hay treinta y cinco grados. En el aire flota un humo que parece niebla y apenas deja ver a lo lejos. Control de gripe A (basta con decir que no tienes fiebre), control de pasaportes (el mio lo doblan tanto que la portada queda pendiente de un hilillo, temo tener problemas a la salida, aunque ya lo he pegado, o precisamente por eso) y la parte que mas temo: la espera de los equipajes. En la primera tanda, mi mochila no esta. Nervios. En la segunda tampoco, !ah, si!, al final aparece. Cambio dinero, me compro una tarjeta india de telefono y reservo un "pre-paid taxi". A la salida, como recordaba, una noche negra, un calor pegajoso, un ruido constante de motores nerviosos y claxones espasmodicos, un caos de ojos fijos en ti y de manos que hacen gestos en tu direccion, en la oscuridad lo que mas se distingue es el blanco de los ojos y las dentaduras y el colorido de las rikshas. Se me acerca un tipo y me arranca de la mano el recibo del taxi, intenta descifrarlo, "sir, where do you want to go", tiene los dientes tenhidos de rojo, bajo la capa gris que cubre la camisa se adivina el color original cafe con leche, mientras tanto, desde detras de la barrera otro tipo me hace senhas, "where do you want to go?", esta mejor vestido que el otro, mucho mas limpio, su sonrisa resplandece, me parece reconocer en el al chico de Couch Surfing en cuya casa vamos a quedarnos, pero no es posible, hemos quedado en su casa y, ademas, no veo a Ania por ninguna parte, "Devesh?", pregunto, el niega con la cabeza, pero enseguida vuelve a sonreir, me da la mano, le quita al otro el recibo y me dice "come" (no, no de comer, sino en ingles). Entre el gentio aparece Ania sonriente. Me han gastado una broma. Nos metemos en el taxi, todos contentos, el tal Devesh parece majo, vamos conversando y se me olvida que es el cumple de Ania. Tardamos hora y pico en llegar a casa de Devesh.
Por el camino nada me sorprende tanto como la primera vez: el trafico a esas horas, los camiones decorados como tartas de boda multicolores, los bocinazos constantes, incitados por las inscripciones de "blow horn" o "please honk" en la parte trasera de cada vehiculo, la conduccion aparentemente kamikaze... Todo eso lo recuerdo perfectamente, ya apenas me llama la atencion, me parece normal e incluso me gusta.
Al llegar a casa de Devesh resulta que no hay luz en todo el vecindario, excepto en el hospital de enfrente, que tiene generador propio. Nos sentamos en el balcon a la luz de las velas, bebemos agua y charlamos. La luz acaba volviendo. Entramos en casa huyendo de los voraces mosquitos, pero ellos nos siguen. Los muebles, la nevera, el suelo, todo esta viejo y parece sucio, a pesar de que viene la limpiadora todos los dias. Me voy a duchar. Me sorprende no ver grifo de agua caliente, pero al notar el agua que sale de la ducha y se esparce por todo el banho entiendo que no hacen falta mas grifos cuando la temperatura es perfecta: fria, pero no helada, lo justo para refrescarse en ese calor.
Sobre las cuatro de la manhana nos vamos a dormir. Pero, a pesar de llevar tantas horas sin dormir, no consigo conciliar el suenho.
Indiamente
Pues, igual me equivoco, pero creo que este viaje, antes incluso de empezar, está planteándose de manera muy india... No sé si hace falta explicar lo que quiero decir, pero ahora no tengo tiempo para hacerlo.
El mundo está lleno de lugares interesantes por explorar. Hace tiempo me propuse como criterio de elección, ir allá donde conozca gente, ya que, puestos a elegir, qué mejor que tener un guía local. Por eso, aunque no sólo, decidí volver este año a la India. En primer lugar, porque allí está Paco, un chaval majísimo, dando clase de español. En segundo, porque la otra vez me volví con un sabor de boca agridulce tirando a agrio y, teniendo en cuenta la cantidad de gente que habla maravillas de sus viajes por ese país, me gustaría cambiar mi impresión.
De modo que me compré el billete y bosquejé mi plan de viaje: parte solo, cosa que me apetecía como desafío, y parte con Paco. Pero al poco tiempo a Paco lo cambiaron de destino y lo mandaron al sur, a la vez que Ania, una compañera mía de capoeira se apuntaba al viaje. Acepté su compañía por varias razones: ya había estado en la India (de modo que no se asustaría) y se declaraba fascinada por el país (con lo que me podría presentar otra visión y, tal vez, contagiar un poco de entusiasmo), conoce a gente en varias ciudades (así que la cuestión del alojamiento podría facilitarse) y, sobre todo, me parece una persona súper positiva (cosa que seguro que me sienta bien). Como veis, un montón de razones totalmente egoístas.
Pero el hombre (y que nadie me venga con reclamaciones, espero que se entienda la acepción de la palabra) propone y Zeus dispone...
Primero, cuando ella quiso comprar el mismo billete que yo, para viajar juntos, ya no quedaban o habían subido un montón de precio, así que tuvo que pillárselo para dos días antes. Después, trece días antes de mi fecha de viaje, en un entrenamiento me esguincé un tobillo... y yo, cuando hago algo, lo hago bien... de modo que mi viaje quedaba en entredicho... pero ayer conseguí empezar a andar ya sin muletas y hoy he hecho la mochila con el menor peso posible, así que espero que todo vaya bien. Y, para colmo, día y medio antes del vuelo de Ania, el tipo con el que habíamos quedado para que nos diera cobijo durante las primeras noches en Delhi, se escaqueó elegantemente, de modo que tuve que ponerme a buscar a la desesperada (bueno, tampoco era cuestión de vida o muerte, pero es que los hoteluchos de Delhi son la antítesis de lo acogedor), recurrí a la web Couch Surfing y enseguida varias personas nos ofrecieron alojamiento.
Parece que las cosas van por donde quieren, pero van...
Ya tengo ganas de enfrentarme (hm, siento que aquí debería usar otra palabra) a la India por segunda vez. Creo que va a ser diferente. De momento, el plan es diferente, queremos evitar los lugares turísticos y viajar sin prisa por "tachar cosas de la lista".
Va siendo hora de cortar, que en cinco horas tengo que estar en pie para coger el avión...
El mundo está lleno de lugares interesantes por explorar. Hace tiempo me propuse como criterio de elección, ir allá donde conozca gente, ya que, puestos a elegir, qué mejor que tener un guía local. Por eso, aunque no sólo, decidí volver este año a la India. En primer lugar, porque allí está Paco, un chaval majísimo, dando clase de español. En segundo, porque la otra vez me volví con un sabor de boca agridulce tirando a agrio y, teniendo en cuenta la cantidad de gente que habla maravillas de sus viajes por ese país, me gustaría cambiar mi impresión.
De modo que me compré el billete y bosquejé mi plan de viaje: parte solo, cosa que me apetecía como desafío, y parte con Paco. Pero al poco tiempo a Paco lo cambiaron de destino y lo mandaron al sur, a la vez que Ania, una compañera mía de capoeira se apuntaba al viaje. Acepté su compañía por varias razones: ya había estado en la India (de modo que no se asustaría) y se declaraba fascinada por el país (con lo que me podría presentar otra visión y, tal vez, contagiar un poco de entusiasmo), conoce a gente en varias ciudades (así que la cuestión del alojamiento podría facilitarse) y, sobre todo, me parece una persona súper positiva (cosa que seguro que me sienta bien). Como veis, un montón de razones totalmente egoístas.
Pero el hombre (y que nadie me venga con reclamaciones, espero que se entienda la acepción de la palabra) propone y Zeus dispone...
Primero, cuando ella quiso comprar el mismo billete que yo, para viajar juntos, ya no quedaban o habían subido un montón de precio, así que tuvo que pillárselo para dos días antes. Después, trece días antes de mi fecha de viaje, en un entrenamiento me esguincé un tobillo... y yo, cuando hago algo, lo hago bien... de modo que mi viaje quedaba en entredicho... pero ayer conseguí empezar a andar ya sin muletas y hoy he hecho la mochila con el menor peso posible, así que espero que todo vaya bien. Y, para colmo, día y medio antes del vuelo de Ania, el tipo con el que habíamos quedado para que nos diera cobijo durante las primeras noches en Delhi, se escaqueó elegantemente, de modo que tuve que ponerme a buscar a la desesperada (bueno, tampoco era cuestión de vida o muerte, pero es que los hoteluchos de Delhi son la antítesis de lo acogedor), recurrí a la web Couch Surfing y enseguida varias personas nos ofrecieron alojamiento.
Parece que las cosas van por donde quieren, pero van...
Ya tengo ganas de enfrentarme (hm, siento que aquí debería usar otra palabra) a la India por segunda vez. Creo que va a ser diferente. De momento, el plan es diferente, queremos evitar los lugares turísticos y viajar sin prisa por "tachar cosas de la lista".
Va siendo hora de cortar, que en cinco horas tengo que estar en pie para coger el avión...
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